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Aprender a decir adiós

Decir adiós nunca es fácil, dejar ir aquello que te hizo feliz por tantos años y que quizá hoy es el último día que haces eso que provoca en tu corazón una explosión, de emoción o de frustración, es posiblemente, algo muy triste en la vida de una persona.


Dejar aquello en lo que llevas años acostumbrado, ya sea al ambiente, las personas con las que te relacionas o las actividades que realizas, el camino que tomas para llegar a ese lugar. A tu lugar o situación que puedes controlar y la que te tomó no solo cinco años en la universidad, sino toda una vida de experiencia laboral, hoy llega a su fin. Tu pasión sigue tan intacta como tu primer día de clases en la universidad. Tu corazón aún late por eso y se sabe de memoria las cosas que debe hacer y aunque la situación no es la indicada, sonríes por todas las aventuras a las que te llevó, los viajes que te dejó, las personas que te presentó, los recuerdos que te formó. Ahora solo estás sentado frente a una fría pantalla leyendo los términos para pedir tu jubilación. El sueño al que entraste hace ya tanto tiempo está llegando a su final. Es momento de decir adiós.


Esto es un hecho un poco utópico en Perú, porque solo las personas con mucha determinación o mucha suerte viven de algo que les apasiona y no ven el camino al trabajo como un día más o algo que tienes que hacer para no morir de hambre en medio de una pandemia. Sin embargo, también hay días donde la pasión no te alcanza y la rutina sofoca, por eso es importante tener un equilibrio en la vida y claro, la innovación siempre va a darte retos grandes que vas a querer perseguir incluso en la jubilación.


Cuando estudias y trabajas en algo que te apasiona, la vida se va en un abrir y cerrar de ojos, vas camino a tu centro laboral con ‘Talking in your sleep’ de The romantics o ‘Chica de humo’ de Emmanuel, moviendo la cabeza de lado a lado, taradeando la canción como un enamorado de secundaria.


Actualmente, en el Perú, la mayoría de jubilados está en una lucha por sacar sus ahorros de las AFPs o de la ONP porque la situación es muy injusta para muchos de ellos, el dinero que aportaron durante más de 20 años como mínimo, según la exigencia de la ley, es devuelta en fracciones muy largas. La mayoría de ellos no puede disfrutar de todo ese esfuerzo y tienen que buscar ‘cachuelos’ para poder subsistir. Aunque no podemos dejar de lado que la mayoría ni siquiera tiene un plan para su jubilación y eso no solo pasa en Perú, en Chile, por ejemplo, las carencias que están pasando sus jubilados los han obligado a salir a las calles porque la cantidad de dinero de las pensiones que dan es inferior al costo de vida del país. Una historia muy familiar para la mayoría de peruanos.


Asusta tener que dejar aquello que te costó tanto tener, asusta decir adiós a lo que te hizo feliz por mucho tiempo, asusta ya no sentirse capaz físicamente de hacer lo que se necesita que hagas, asusta tener que ser una ‘carga’, asusta ver que el estado te da la espalda, asusta perder parte de tu esencia. Asusta envejecer, no tanto por el hecho de tener arrugas, sino porque es una etapa en la que tienes que aprender a decir adiós y no derrumbarte en el proceso porque se espera que seas un adulto mayor chocho con los nietos.


La depresión es un problema muy fuerte en las personas mayores, jubiladas o no, con o sin pensiones, la vejez es triste y nuestro deber es apoyarlos porque lo digan o no, acaban de perder algo importante, pero no es el fin del mundo, aún hay mucha vida por vivir y muchos sueños que perseguir, apoyemos y hagamos que esa sensación de estar viviendo un sueño retorne, por distintas actividades, a la vida de los jubilados y además, tratemos de ver con otros ojos la vida que escogemos y disfrutemos de ello porque para bien o para mal, en algún punto tendremos que decirle adiós y decir adiós no es fácil.

 
 
 

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