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Al compás de la cumbia


¿Hay un interruptor para activar la identidad cultural?, ¿un código secreto que ignoramos?, ¿experiencias que aún no vivímos?, ¿algo que a nuestros ancestros se les olvidó mencionar o sólo un problema de educación? Ni una de las anteriores porque, la verdad, nuestra identidad cultural está en cada paso que damos en las distintas ciudades, desde las islas de totora en Puno hasta las calles calientes de Piura. Está ahí, incluso a la hora de escoger nuestra playlist favorita camino al trabajo.


La música, de hecho, es una extensión de lo que somos. ¿Quién no se ha enamorado un poquito más escuchando e idealizando a esa persona con una salsa de Josimar o una balada de Arjona?, ¿quién no, en su peor momento o sólo de broma, ha cantado “ya te olvidé” de Tony Rosado?. La música es una de las pocas cosas que tiene el poder de unir a las personas en un solo coro.




Foto: Perú 21.


Esta semana creo que no sorprendió a nadie ver que el primer concierto piloto que se realizó en Lima fue de cumbia y que el siguiente que está programado y auspiciado por Backus, nada sorprendente, también es de este género. La cumbia peruana tiene tanta variedad y es una fuente interminable de memes para nuestra generación, y aunque cueste creerlo; eso es cultura. Ahí está parte de nuestra identidad cultural y quizá esta es una nueva forma de “activar” aquello que se perdió en el camino.


La cumbia es un género que no nació en el Perú, pero que al llegar tuvo una mezcla asombrosa con distintos géneros como el rock gogo o el rock peruano. Sin embargo, el género que más influencia tuvo en la cumbia fue la música más popular de los Andes; el huayno, durante los años 60. El primer tema que tuvo un gran alcance fue “La Chichera” de “Los demonios de Corocochay”, en 1966, que a su vez inspiró a otras agrupaciones musicales como “Los compadres del Ande” y “Los Ases de Huarochirí”.


Por otro lado, es Enrique Delgado a quien se lo conoce como el padre de la cumbia peruana, aunque ahora las referencias más comunes son El Lobo y la Sociedad Privada, Tony Rosado, Pintura Roja, Grupo 5, Grupo Néctar, Agua Marina, Armonía 10, y así la lista es larga.


Por otro lado, podríamos decir que la cumbia en Perú formó parte de la infancia de la generación de nuestros padres y quizá de la nuestra también porque nunca falta ese tío borracho o ese amigo sufrido que de la música criolla pasa a “Júrame” canción del Lobo y la Sociedad Privada o a “Cervecero” de Armonía 10, con la que cantas y piensas en la letra chicha de colores fuertes que nunca falta en el Centro de Lima, incluso eso ha calado tanto en nuestra identidad cultural que durante los Juegos Panamericanos Lima 2019, todos los carteles y logos en representación de nuestro bello país andino tenían esa tipografía.


No hay nada de qué avergonzarse cuando se habla de música y quieres opinar sobre alguna agrupación de cumbia, todo lo contrario, hazlo, sin miedo. La cumbia peruana tiene lo suyo y se siente genial porque es totalmente distinto ver un documental peruano con Tony Rosado de fondo que ver un documental donde tratan de hacer más “nice” el soundtrack que al final está inspirado en Perú. Rechazar la cumbia se siente igual que leer en un episodio de Netflix “donas peruanas” y no picarones. Tú sabes que está ahí, tú sabes que son y cómo saben, pero como que algo no cuadra.


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