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A puertas del Bicentenario, una introspección a la sociedad peruana




27 de julio de 1821. Vísperas de la proclamación de la Independencia del Perú. Muchos a favor, otros en contra; pero, con un deseo en común: el crecimiento y prosperidad de la nación. El día de mañana, 28 de julio del 2021, se celebrará el Bicentenario de la Independencia del Perú y no es exagerado decir que, si no es toda, la gran mayoría de la ciudadanía se encuentra expectante de los próximos años de nuestro país.


Al igual que hace 200 años, nos encontramos en aguas turbulentas, con un futuro incierto y miedos a diestra y siniestra. Las decisiones tomadas en los últimos meses generaron conflictos entre la población y no hay un sector que se encuentre totalmente satisfecho. El Perú recibe su bicentenario en medio de una crisis política, con una sociedad dividida que continúa buscando culpables sobre los aconteceres de la coyuntura.


Vale hacerse la siguiente pregunta ¿Hemos crecido como nación? La respuesta no es tan simple como un sí o un no; sino un sí, pero no; o un no, pero sí. Un trabalenguas. La historia del Perú y hechos recientes nos demuestran que nuestro país prosperó en algunos sectores como la economía, turismo, minería, etc (incluso después de un desastroso siglo XX). Sin embargo, a pesar de estos avances, aún se tiene una noción de estancamiento o retroceso.


Tal vez sea el típico mal de la corrupción que deja el sabor agridulce sobre el desarrollo de la nación. Tal vez sea la “viveza peruana” o “criollada”, que no permite empatizar con el otro. O, tal vez sea un poco de los dos que desemboca en nuestra línea de tiempo circular, como lo plantea César Hildebrandt; cometiendo los mismos errores una y otra vez cada 4 o 5 años. Y ¿Por qué? Porque no aprendemos de la historia, nuestra historia.


Hoy tenemos representantes de izquierda y derecha que parecen haber olvidado los últimos 30 años de trayectoria del país. Por un lado, una derecha que se relajó con la hoja de ruta firmada por Ollanta Humala; una derecha que se considera impune ante los ojos de la ley y lo suficientemente valiente para pisarla y deformarla a su gusto y conveniencia. Una derecha que ha olvidado a los sectores vulnerables del país y que buscó invisibilizar sus votos en esta última jornada electoral.


Por otro lado, una izquierda que repite “Fujimori nunca más”, pero olvida que lo apoyó en los años 90; una izquierda que se refugia bajo las luchas sociales pero no teme dejarlas de lado al aliarse con un partido que va en contra de las prácticas que intentan fomentar. Una izquierda que acusa a los grupos de poder por corrupción, pero mira a otro lado cuando alguien del entorno también es acusado por lo mismo, o parece no importarle aliarse con individuos o personas “problemáticas” con el fin de llegar al poder.


Pero esos son los representantes políticos: un reflejo de la ciudadanía. Jorge Yamamoto, antropólogo y psicólogo social, hace hincapié en esto. Dice que “el peruano dispone de una extraordinaria habilidad para sacarle la vuelta a la ley establecida”. (esto en referencia a la tragedia de la discoteca en Los Olivos en el 2020). Mientras la ciudadanía no se forme en valores y los practique, resulta incoherente exigir que los políticos también lo hagan.


Es así que la sociedad peruana se ve destinada a caer en este círculo vicioso de tragedia y crítica del momento; repitiendo error tras error. Hemos crecido como nación más no hemos aprendido a cuidarla y a quererla. El Perú es, para muchos, esa mascota a la cual se ignora y se espera que los demás se hagan cargo mientras cada quien cuida sus propios intereses o se refugia en excusas para validar algún accionar erróneo.


“Los peruanos somos leales, el problema es que somos leales a nuestra argolla, no a la Nación. Somos envidiosos, chismosos y egoístas con la gente fuera del grupo: sin un peruano progresa el otro se siente miserable", señala Yamamoto en una entrevista en RPP sobre cómo percibe al peruano a cara del bicentenario.


Lo peor es que hay momentos en la historia que son clave para contradecir todo este artículo de opinión. La sociedad peruana ha demostrado tener la capacidad de poner a un lado las diferencias, unirse y avivar el sentimiento de nacionalismo: las marchas contra Merino, la marcha de los Cuatro Suyos, la guerra con Chile, la época del terrorismo, etc. Todos momentos cruciales para la formación de una ciudadanía unida. Pero, de nuevo, resultaron como un ejercicio que no fue sostenible en el tiempo.


Ser pesimista en esta época es incómodo. Las Fiestas Patrias son motivo de celebración; sin embargo, a puertas del bicentenario, es necesario realizar una introspección y definir qué tipo de cambio se necesita realmente. Un representante político no es un referente de transformación para bien, venga de la costa, la sierra o la selva. Sea pobre o sea rico. Si algo se debe rescatar de la historia, es que una nación no solo depende de sus gobernantes, sino también de su sociedad.


Mañana, 28 de julio del 2021, el Perú no habrá cambiado en comparación a hoy. Lograr el cambio esperado es trabajo de todos y todas, es arduo y tedioso, pero una responsabilidad que se debe asumir. Yo espero que, para los 300 años de independencia, alguien redacte una columna de opinión totalmente opuesta a esta, celebrando no solo al país, sino a su ciudadanía. Feliz bicentenario, Perú.


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